¿Por qué Marcel Proust es uno de los grandes clásicos de la literatura? Una de las razones es lo que sentimos al leerle tras un siglo de la publicación del primer tomo de En busca del tiempo perdido. Su lucidez, su visión del mundo y de la naturaleza humana han trascendido décadas y superado cambios sociales y tecnológicos impensables en su época. Conceptos tan complejos y discutidos como el amor o la percepción y ejecución del arte alcanzan, en su pluma, una profundidad y universalidad como esta:

La naturaleza humana

«La humanidad es muy antigua. La herencia, los cruzamientos, han dado una fuerza insuperable a las malas costumbres, a ciertos reflejos viciosos. Una persona estornuda y jadea porque pasa cerca de un rosal, otra tiene una erupción al oler la pintura fresca, mucha gente, cólicos si tiene que salir de viaje, y los nietos de ladrones, que son millonarios y generosos, no pueden evitar robarnos cincuenta francos.»

«Para el observador desinteresado hay algo bastante hermoso en el parecido perfecto de dos gemelos: es que la naturaleza, como si se hubiera industrializado momentáneamente, parece suministrar productos iguales.»

La sociedad

«Los necios se imaginan que las grandes dimensiones de los fenómenos sociales son una excelente ocasión para penetrar más adentro en el alma humana; deberian comprender que, por el contrario, sólo bajando profundamente en una individualidad llegarían a comprender aquellos fenómenos.»

«Ocurre en la sociedad lo mismo que con el gusto sexual, que no se sabe a qué perversiones puede llegar uno cuando ha permitido que sus elecciones las dicten razones estéticas.»

El amor

«A poco que caiga la noche y el coche vaya deprisa, en el campo, en una ciudad, no hay torso femenino, mutilado como un mármol antiguo por la velocidad que nos arrastra y el crepúsculo que lo ahoga, que no dispare sobre nuestro corazón, a cada recodo de la carretera, desde el fondo de cada tienda, las flechas de Belleza.»

«El despertar de nuestros deseos carnales no corresponde a ninguna realidad porque no tiene en cuenta el tiempo perdido.»

El tiempo y la memoria

«El hombre es ese ser sin edad fija, ese ser que posee la facultad de convertirse, en pocos segundos, en mucho más joven y que, rodeado por los muros del tiempo en que ha vivido, flota en él, pero como en un estanque cuyo nivel cambiara constantemente y le dejara al alcance ora de una época, ora de otra.»

«Parece como si existiera una memoria involuntaria de los miembros, pálida y estéril imitación de la otra, y que vive por más tiempo, como ciertos animales y vegetales ininteligentes viven más tiempo que el hombre. Las piernas, los brazos, están llenos de recuerdos entumecidos.»

El arte

«El estilo para el escritor, lo mismo que el color para el pintor, no es cuestión de técnica, sino de visión.»

«Quien pudiera escribir un libro en que la vida quedara aclarada, la vida que vivimos en tinieblas fuera llevada a la verdad de lo que es, la vida que se falsea sin cesar fuera en fin realizada, ese escritor debería preparar su libro meticulosamente, con perpetuos reagrupamientos de fuerzas, como una ofensiva, soportarlo como una fatiga, aceptarlo como una regla, construirlo como una iglesia, seguirlo como un régimen, vencerlo como un obstáculo, conquistarlo como una amistad, sobrealimentarlo como a un niño, crearlo como un mundo sin dejar a un lado esos misterios que probablemente sólo tienen su explicación en otros mundos, y cuyo presentimiento es lo que más emociona en la vida y en el arte.»

Máximas y pensamientos. Aformismos. Marcel Proust. Edhasa, 1992.

Compartimos una prueba más irrefutable de su vigencia contemporánea:

¿Cómo traen Bret Easton Ellis, Philip Roth o Joyce Carol Oates una misma frase de Proust a nuestra generación? (The Paris Review)