William Burroughs: El virus definitivo

Recuerdo que, en una de las primeras conversaciones serias que mantuve con alguien a propósito de Burroughs, mi contertulio casi siempre coronaba a sus opiniones –o anécdotas o datos presumiblemente fehacientes o lo que diablos se terciara en torno al bueno de Bill– con un “el tipo estaba loco”. Hasta el tono sonaba manido, ya…