De todas las tormentas eléctricas que nos ha dado la literatura, Hunter Stockton Thompson es posiblemente una de las más espectaculares y virulentas. Hijo de Kentucky que, lejos de propiciarse como pródigo, decidió no volver jamás la mirada atrás en su camino por la literatura, la política, las drogas y el periodismo más iconoclasta que pudo imaginarse en aquel allí y entonces. Una vez se sabe de qué pie calza el creador del periodismo Gonzo, todo cobra un sentido parecido a un shoot’em all literario en primera persona. Gracias a sus libros, entrevistas, reportajes y documentales, podemos comprobar una herencia irrepetible marcada por el bizantinismo hipersensorial y un gusto exquisito para caminar por los filos abisales de la propia existencia. 

Sus dotes innatas para la excentricidad, su metabolización subversiva de sustancias ilícitas y un proceso de iluminación negativa (que le llevó a desarrollar cierta “megalomanía humorística” que ha congregado innumerables fans) nos dieron regalos más allá de su ingente obra escrita, sea periodística o literaria. Un buen ejemplo de esto es la construcción que él diseñó —pero no llegó a ver realizada en vida— del monumento representativo de la Mano de dos Pulgares, la cual sostenía en su palma un cogollo de amapola blanca repleto de semillas de opio:

Precisamente, fue el deseo de Hunter S. Thompson que sus cenizas —que se consumaron tras su suicidio por disparo de arma de fuego el 20 de febrero de 2005, a la edad de 67 años— fueran lanzadas y esparcidas (tras una sonora explosión de pólvora) desde esa torre que él mismo concibió. Así fue, ante la atenta mirada de seguidores de la talla de Johnny Depp, John Kerry, Jack Nicholson o Bill Murray.

Del emblemático puño a su legendario viaje lisérgico a Las Vegas, este es nuestro homenaje en forma de camiseta (para hombre y mujer) a una de las cabezas del periodismo literario y el único valedor legítimo del título de periodista gonzo.