“DEAR MISS PLATH…”

Así empieza la carta de rechazo que el bueno de Howard Moss (de profesión Iluminado y, de paso, editor de la sección de poesía del New Yorker) le dirigió a Sylvia Plath el día 7 de noviembre de 1962. En su epístola, Moss —muy educadamente, por cierto— le argumenta a la poeta los porqués de su negativa a publicar Amnesiac, poema en principio incluido en su poemario Ariel (manuscrito que no logró publicar en vida). Ya no solo por el mastodóntico empaque que actualmente pesa sobre la figura de Plath, sino por ese gesto de no ver aquello que, por cuenta propia, ya estaba profundizando en un surco imborrable de la poética universal del siglo XX: Howard consiguió que aquel ejemplar del New Yorker en el que presuntamente podría haber salido publicado Amnesiac haya pasado sin pena ni gloria a cajas de saldo en casas de anticuarios, mercadillos especializados y webs de compra-venta de segunda mano. Sin embargo, si Howard hubiera contado con los favores esotéricos de una bola de cristal en la que poder ver el futuro, no nos cabe duda que se hubiera tragado sus opiniones de vaca sagrada. Además de hacerse con una buena remesa de ejemplares de cara a asegurar la jubilación de sus nietos.

Nabokov y Lolita: como darle cerdos a las margaritas

Si bien el caso de Dear Miss Plath puede dejar un sabor de boca entre ácido y agridulce, lo de Vladimir Nabokov y su obra Lolita —seminal hasta decir basta, una de las más importantes fracturas al estilo narrativo imperante de la época, y eso sin mencionar la paliza de muerte que le propinó a la rancia figura del narrador omnisciente— es uno de esos casos que directamente te duermen la encía.

“Tras ser rescatada del fuego por la mujer de Nabokov, el manuscrito de Lolita fue rechazado en siete ocasiones hasta que el sello parisino de literatura erótica The Olymplia Press apostó por este libro con el que Nabokov puso ante el espejo a una sociedad que se escandalizó al leerla. A mitad de camino entre la historia de amor, incesto y perversión, en Lolita, Nabokov elaboró en ella un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos y una verdadera obra que consiguió convertirse en universal.

Al momento de su publicación en Norteamérica -tres años más tarde con respecto a la edición parisina-, Lolita había vendido 300.000 ejemplares, una cifra importante pero despreciable frente a los 14 millones que alcanzó en las décadas siguientes. Su popularidad se hizo mayor cuando Stanley Kubrick la llevó al cine, en 1962 -en España no pudo ser vista hasta 1972-. En la Norteamérica de aquellos años, el filme fue un bombazo, una larga epopeya entre el Nabokov y Kubrick.”. (Via Voz Pópuli)

Siete veces, nada más y nada menos. Siete entes editoriales que tuvieron en sus manos lo que, con toda probabilidad, es una de las 25 obras literarias más importantes de todo un siglo. Una de las novelas más rupturistas y visionarias de toda una era, cuyo manuscrito hizo contrapeso en algunas de las papeleras más desdichadas del mundillo editorial norteamericano. A falta de una reproducción mejor, copiamos a continuación el contenido exacto de una de esas siete cartas de rechazo. Se recomienda prestar especial atención al tono:

Darling,
This office has taken a long time to say no to Nabokov’s Lolita which you and I both know was impossible at least for us. Do you want the books back? I don’t imagine so in which case we will keep it for our blank department. But let me know. I wonder if any publisher will buy it.
Will you please tell Renée that I had her charming letter. I have no news except that the Coco is holding his own. As soon as I know more, I will write. But it was enchanting of her to send me a line, and I am very grateful. We have all been upset about this affair.

Bless. And all the best.

As always,
Mrs. W.A. Bradley

De Orwell a Warhol

En otro orden de cosas (y extrapolando lo justo esos términos estrictamente literarios que marcábamos al principio), hay ejemplos que han de ser mencionados y que no tienen por dónde cogerse, ahora que sabemos lo que sabemos. Por ejemplo, cuando Alfred Hitchcock estrenó Psycho (1960), obra maestra indiscutible y posiblemente su película más emblemática, la crítica en general no fue benevolente con la cinta, dada su “crudeza” y “vulgaridad”. Una película “eminentemente anti-americana”, llegó a decirse por ahí. Bosley Crowther, crítico cinematográfico del New York Times, la tildó de “baratija” y de “mancha en una honorable carrera”. Vale.

Luego está Warhol. Andy Warhol, sí, ese mismo. Aquí, la carta del MOMA respecto a su propuesta de exposición:

Andy Warhol rejection letter by MOMA

Y para finalizar, volvemos a la literatura. Sirva de cierre esta maravilla del despropósito firmada por el mismísimo T.S. Eliot. ¿La obra en la picota?: Animal Farm,de George Orwell. Una prueba más de que el Universo no solo pone las cosas en orden: además, es un bromista maquiavélico que nunca se olvida de lo fútil y absurdo que puede llegar a ser el comportamiento humano, sobre todo cuando está sumido en esa miasma bidireccional de conveniencias sociales tan fastuosas como ridículas. Y, nos duele decirlo, tristemente eficientes en la mayoría de los casos. Hablando, eso sí, en estricto presente. Mañana, el tiempo dirá.

Dear Orwell,

I know that you wanted a quick decision about Animal Farm: but minimum is two directors’ opinions, and that can’t be done under a week. But for the importance of speed, I should have asked the Chairman to look at it as well. But the other director is in agreement with me on the main points. We agree that it is a distinguished piece of writing; that the fable is very skilfully handled, and that the narrative keeps one’s interest on its own plane—and that is something very few authors have achieved since Gulliver.

On the other hand, we have no conviction (and I am sure none of other directors would have) that this is the right point of view from which to criticise the political situation at the present time. It is certainly the duty of any publishing firm which pretends to other interests and motives than mere commercial prosperity, to publish books which go against current of the moment: but in each instance that demands that at least one member of the firm should have the conviction that this is the thing that needs saying at the moment. I can’t see any reason of prudence or caution to prevent anybody from publishing this book—if he believed in what it stands for.

Now I think my own dissatisfaction with this apologue is that the effect is simply one of negation. It ought to excite some sympathy with what the author wants, as well as sympathy with his objections to something: and the positive point of view, which I take to be generally Trotskyite, is not convincing. I think you split your vote, without getting any compensating stronger adhesion from either party—i.e. those who criticise Russian tendencies from the point of view of a purer communism, and those who, from a very different point of view, are alarmed about the future of small nations. And after all, your pigs are far more intelligent than the other animals, and therefore the best qualified to run the farm—in fact, there couldn’t have been an Animal Farm at all without them: so that what was needed, (someone might argue), was not more communism but more public-spirited pigs.

I am very sorry, because whoever publishes this, will naturally have the opportunity of publishing your future work: and I have a regard for your work, because it is good writing of fundamental integrity.

Miss Sheldon will be sending you the script under separate cover.

Yours sincerely,
T. S. Eliot

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Y qué mejor que un sentido homenaje a todo este despropósito, haciendo de él un objeto útil.